Introducción

Identificación

Una visión de las misiones como desarrollo del Plan de Dios

Los llamados misioneros se concentran en la salvación de los perdidos, y por supuesto, las misiones son el camino para llevar el mensaje de las buenas nuevas donde aún no han llegado; pero el objetivo que abarca a las misiones es el intento de llevar a término definitivo el propósito eterno de Dios: la regeneración de toda la creación.

En la iglesia, todo creyente debe estar consciente de la transcendencia espiritual de la obra evangelizadora y misionera, entendiendo que le concierne como fundamento de su compromiso con el plan y última razón de su existencia cristiana.


La Biblia: narración de las misiones de Dios

Comúnmente, el creyente ve en las Escrituras un manual de procedimientos que le permite gozar de las bendiciones reservadas para el pueblo de Dios. En misiología, la Biblia es ante todo el recuento de la interactuación entre Dios y la humanidad, como se manifiesta en la historia humana, con el fin de dirigirla hacia el destino final: la nueva creación en Cristo. Esto implica la elección de los agentes destinados a ejecutar el plan dentro y de acuerdo a su propia época histórica, y el grado de aceptación o negación con el que cada agente responde a los señales de su tiempo.

El acercamiento a las Escrituras como narración completa nos hace comprender el mensaje central de la Biblia, más allá del plano de las necesidades personales, y ayuda a construir tanto la motivación como los principios que determinan la actuación de la Iglesia como agente definitivo de este plan.


La Gran Comisión: hacer discípulos para que Cristo venga

El legado último de Jesús a los discípulos se encuentra comprendido en los cuatro evangelios y en el Libro de Hechos. Desde diferentes ángulos, el Señor –entre resurrección y ascensión- instruye y aclara cuál es la razón de ser de la prologada permanencia de los discípulos luego de su propia partida, en qué deben ocuparse hasta su regreso, cuáles son carácter, contenido, forma, dimensiones y urgencia de este trabajo, así como en qué debe terminar.

La naturaleza de esta tarea es universal, intercultural y etnocéntrica; es un reto de la Iglesia hacer comprensible y deseable lo que Dios ofrece por medio de Jesús, y las misiones deben dar un testimonio integral de ello.


El Tiempo de Dios: hacer misiones para adelantar al reloj

Todo tiempo es tiempo de hacer la obra de Dios. No obstante, no en todo tiempo es la misma obra, el mismo destino. El reloj de Dios no funciona de forma cronométrica; sus marcas corresponden a condiciones específicas que se forman de acuerdo al avance de la humanidad en su camino historico. Al llegar a determinado punto de desarrollo, Dios declara por cumplida una nueva marca en Su tiempo, una marca que hace precisa la intervención de sus agentes terrenales de forma relevante y pertinente a su propia época histórica (Gá 4:4).
 

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