CARTA ABIERTA

Herman@ en el ministerio,

este mensaje le incumbe porque usted es parte del pueblo de Dios, con la responsabilidad de orientar y guiar a otros en el proceso de crecimiento espiritual y desarrollo máximo de su potencial en la obra del Señor. No permita que su comunidad permanezca estancada

Ni por un instante podemos creer que nuestra respuesta al Señor sea suficiente frente a una necesidad tan inmensa que aumenta día tras día en lugar de disminuir. Somos siervos muy inútiles, pero nos anima haber experimentado que Dios honra y multiplica incluso el esfuerzo pequeño.

No es que Dios tiene una misión para esta iglesia; El tiene a esta iglesia para una misión

Una iglesia no es iglesia porque así lo dice el letrero encima de la entrada; un cristiano no es cristiano porque se congrega o lea la Biblia... Adquirimos nuestra identidad al entrar en el propósito del Señor, aprendiendo a caminar como Él anduvo, a pensar como Él piensa y a desear lo que Él desea. Y más que nada, Dios desea al mundo, entero, con todos los que lo habitan.

Ha llegado el tiempo de sacar las misiones desde lo ocasional periférico al lugar central

Dentro del gran propósito de Dios, la obra misionera es la Herramienta Nº1 para llevar su plan al término previsto. Con el mismo ímpetu que invertimos en expandir nuestra plataforma local, con el mismo ímpetu que dedicamos a transformar y hacer prosperar vidas en nuestra localidad, con el mismo ímpetu debemos extender el brazo hacia los que no han sido alcanzado a causa de nuestra negligencia.

Ha llegado el tiempo que los pastores gordos y las ovejas gordas comencemos a compartir con las flacas. Piense en hacer misiones HOY, es decir ahora y todos los días. Su recompensa será saber que a través de su brazo extendido los que nunca habían oído de Él, oirán y creerán y el conocimiento de Dios llenará la Tierra como las aguas cubren la mar. Porque todavía está en pie el desafío que William Carey lanzó a una asemblea de ministros reacios a hacer misiones:

«Esperen grandes cosas de Dios; hagan grandes cosas para Dios.»