AGOSTO: OLIMPIADAS

En la Antigüedad

Carrera olímpicaLos Juegos Olímpicos fueron una serie de competencias atléticas con la participación de diversas ciudades estado de la Antigua Grecia, celebradas entre 776 a.C.-393 d.C. Tuvieron lugar en honor al dios Zeus, cerca de su santuario en Olimpia, al pie del Monte Olimpo. Olimpiada era el nombre para el lapso de tiempo de cuatro años en el que se celebraron los juegos.

Durante el mes olímpico se practicaba la ekecheiria, una tregua total entre los habitualmente enemistados pueblos griegos. Ninguna guerra tenía lugar durante la estación olímpica. De esta manera, atletas y espectadores de toda Grecia pudieron viajar y asistir a los juegos en tranquilidad.

La idea olímpica moderna

El pedagogo francés Pierre de Coubertin estuvo en búsqueda de métodos educativos cuando en Inglaterra conoció al llamado cristianismo muscular, una corriente anglicana que intentaba apoyar la moral por medio de ejercicios corporales y la higiene. El deporte fue redescubierto para producir mentes sanas en cuerpos sanos y Coubertin soñaba con un gran encuentro de atletas internacionales honrando los valores de la paz y del juego limpio. Desde entonces, el lema olímpico ha sido: Lo importante no es ganar sino haber participado.

Paradójicamente (o previsiblemente), fueron los objetivos pacíficos y la perspectiva internacional, que casi lo hicieron fracasar, ya que los políticos de diferentes naciones se opusieron. Pero luego de un primer intento en 1896, en Atenas, el deseo por repetición nació en la comunidad deportiva misma. Una historia cada vez más grande había comenzado.

El abuso del concepto olímpico

Fue en Berlín, 1936, donde el gobierno nazi quiso abusar de la idea competitiva al declarar, en contra del espíritu humanitario de las Olimpiadas, la superioridad de algunas naciones de «raza blanca» manifestadas por sus victorias en diferentes deportes.

1936 Jesse Owens En Berlín, 1936, el atleta americano Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en atletismo (100m, 200m, 4x100m relevo, salto largo), destruyendo las pretensiones nazi. Luego Owens escribió: «No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente.» El racismo se había impuesto.

Las Olimpiadas cesaron durante las guerras mundiales. En la segunda mitad del siglo XX, las nuevas naciones de Asia y África comenzaron a subir al podio de los medallistas. Pero la amenaza política no había pasado, como lo demostró tan tristemente el ataque de Munich, 1972. Un peligro totalmente diferente surgió cuando el progreso de los medios masivos convirtió los juegos en uno de los mayores negocios que existen. La codicia por obtener contratos publicitarios invadió también a los atletas y -junto con la ambición de ganar- abrió la puerta al doping y las intervenciones al metabolismo.

¿Por qué el interés en los Juegos Olímpicos?

2008 Beijing La pequeña delegación de Bútán en 2008, durante la inauguración de la Olimpiada en Beijing.

El sueño de Coubertin, la noble competencia deportiva, sin ánimo de lucro y desprevista de ambiciones personales y nacionales, no se ha visto realizado. Aún así, los juegos dieron al mundo momentos inolvidables, como en Roma 1960, cuando Abebe Bikila de Etiopía corrió y ganó el maratón - descalzo. O en Montreal 1976, cuando una gimnasta de 14 años, Nadia Comaneci, obtuvo la nota perfecta. O en Atlanta 1996, donde Muhammed Ali, excampeón olímpico del boxeo, encendió la antorcha con manos temblando a causa de su enfermedad de Parkinson.

Con 204 naciones participando, los Juegos Olímpicos pintan una imagen, ilusoria y pasajera, pero hermosa, de que la humanidad, al fin, es una sola.

 

EVALUACIÓN

Las Olimpiadas son una gran ocasión de obtener una impresión de la riqueza cultural y social de la humanidad. Su historia antigua y moderna emite un mensaje que muestra que la idea -aún cuando siempre bajo amenaza de ser abusada y tergiversada-, puede superar a la espada, por lo menos temporalmente. Si esto es posible a nivel meramente mundano, ¿cómo, siendo la Iglesia de Cristo, no podemos anhelar ver la humanidad unida en adoración a Dios? Más que una idea, es la razón misma de nuestra existencia. Tenemos la certeza que esto será realidad un día, pero el cuándo depende, por ahora, de la presente generación de creyentes.

¡Qué se encienda la antorcha de las misiones!